Esta investigación invoca una ontología del vacío, trazando un puente entre el córtex deleuziano y la calma de la Escuela de Kyoto. El objetivo es desbordar el cine como lenguaje para revelarlo como un agenciamiento metanoético que disuelve el Yo en la inmanencia pura. El recorrido atraviesa cuatro estaciones: la desterritorialización técnica en Días Extraños; la topología del basho en las geografías de Yimou, Kar-wai y Cukor; el tránsito vitalista del agente al vidente en Punto de Quiebre; y la síntesis final en el cine colombiano. Los hallazgos desentierran una Muerte de Barro en La Sirga y Mi Bestia, donde la nada no es ausencia, sino la disponibilidad absoluta de la vida para multiplicarse en un devenir rizomático.